Los aceites aromatizados de Mallafré triunfan en los canales de distribución gourmet y de alta cocina. Casi la mitad de la facturación de la empresa se halla en el mercado extranjero, sobre todo Francia, Italia y Alemania.
Tras 75 años de existencia –se cumplen precisamente este año– y una larga tradición en la extracción y producción de aceite de oliva siguiendo los esquemas tradicionales, Mallafré ha encontrado el éxito en un producto altamente diferenciado, el aceite de oliva virgen aromatizado. «Empezó casi como un juego con un cliente alemán y ahora estamos viendo que cada vez hay más demanda de este aceite, porque la gente quiere cosas nuevas, sobre todo si se trata de cocina de alta gama», explica Josep M. Mallafré, tercera generación y actual responsable de la empresa de Riudoms.
Los aceites aromatizados se obtienen a base de la moltura conjunta de las aceitunas y el producto del que se quiere que el aceite tome el gusto. Los primeros que se crearon fueron los de la gama cítrica, con limón, naranja o mandarina, y consiguieron para la empresa la medalla de plata de la World Edible Oil Fair en las ediciones de 2004 y 2005. Posteriormente llegaron los aceites con aromas de hierbas como el tomillo o el romero, después el de ajo, y últimamente los más atrevidos, el aceite con aroma de guindilla y el de café, que es el primero del mundo que se comercializa. Para este año está previsto sacar dos nuevas especialidades, con aromas a menta y maríaluisa.
«Desde que empezamos a producir esta nueva gama de aceites hemos tenido una evolución económica muy positiva, porque se trata de un producto muy selecto, de gama alta, que consigue que entremos en mercados en los que ya había otros aceites pero donde conseguimos colocar el nuestro gracias a la entrada que nos facilita el aromatizado», explica Josep M. Mallafrè.
Canales de venta. Los aceites aromatizados se venden en canales de distribución gourmet y en la tienda que tiene la empresa en Riudoms. Allí pueden encontrarse también los patés de olivada, jabones y otras especialidades, y por supuesto el aceite de oliva virgen extra. Lo que no se vende aquí son los aceites de frutos secos, que Mallafré elabora exprimiéndolos directamente (de avellana, de almendra, de nuez, de pistacho o de semillas de calabaza) pero que no puede vender en España porque la reglamentación española no los contempla como productos alimentarios. Por tanto, Mallafré se ve obligado a venderlos únicamente en el mercado europeo, donde tienen una importante demanda.
De hecho, la exportación supone el 50% de la facturación de este molino de aceite, situada sobre los dos millones de euros. Sus principales mercados son Francia, Alemania e Italia. La venta a estos países, con pautas de consumo muy diferentes de la nuestra, obliga también a presentar el producto en sistemas alternativos como el bag-in-box, muy usado hasta la fecha para el envasado del vino y que se está abriendo una brecha en el aceite: el hecho de que se pueda verter sólo la parte necesaria en cada ocasión sin que el producto entre nunca en contacto con el oxígeno hace que aguante mucho más tiempo sus propiedades organolépticas y, por tanto, es muy adecuado en familias que usan el aceite de oliva muy de tanto en cuanto.
Mallafré está elaborando ya el aceite de la nueva cosecha, que parece que se situará en la raya alta por lo que respecta a cantidad, llegando a unas 500 toneladas. Aparte de las aceitunas de sus propias fincas, hay cerca de 350 payeses que llevan su cosecha a este molino, casi todos ellos del Baix Camp. El precio de venta se mantendrá este año en 22 euros la garrafa de cinco litros, pese a la presión para reducir el precio que ha habido en la producción que saldrá a granel.
fuente/diaridetarragona.com/
